Diego Amiano
Notas

¿Premio o castigo? El dilema del ascenso

El sistema de competencia está generando tensiones en los clubes, quizás sea momento de replantear los formatos de los torneos

¿Cómo se puede diseñar un torneo que proteja a las jugadoras sin perder competitividad?


Los recesos invernales suelen ofrecer un descanso necesario para el cuerpo, pero también abren una ventana ideal para la introspección. Es el momento de poner la bocha bajo el palo, levantar la cabeza y analizar esas cuestiones estructurales que, año tras año, se perciben en los pasillos y canchas de nuestros clubes. El reciente torneo Apertura de hockey femenino del Litoral no solo nos dejó campeones y festejos; también encendió las alarmas y dejó al descubierto una preocupante realidad: lo que debería ser un premio deportivo, hoy se está viviendo como un castigo.

La tensión escaló cuando algunos clubes solicitaron a la AHL no ascender (o están pensando en hacerlo en los próximos torneos), generando conflictos en los clubes, el jugador siempre juega a ganar, a superarse; suena extraño no querer gritar un gol,  jugar para no ganar un partido, un torneo, en definitiva ascender. Esta situación, desnudó un problema estructural: el sistema actual exige que cada club presente una "línea completa" (desde divisiones infantiles hasta primera división) para poder competir y ascender.

El síntoma: la brecha competitiva que vacía las canchas

El argumento de las instituciones que prefieren evitar el ascenso es claro: sus divisiones inferiores no siempre están preparadas para el nivel de exigencia de la categoría superior.

Hoy nos encontramos con un escenario atomizado y contradictorio:

•    El drama de las más chicas: Clubes con una Primera y Sub-19 sumamente competitivas, pero cuyas bases (Sub-16, Sub-14 y Sub-12) sufren goleadas abultadas cada fin de semana. La falta de paridad erosiona la motivación a edades tempranas y empuja a las niñas a abandonar el deporte.

•    El techo de cristal formativo: El fenómeno inverso. Inferiores formidables que "piden pista" y ganan sus torneos con autoridad, pero que se ven frenadas en su proyección porque su plantel superior milita en un escalafón más bajo, obligándolas a esperar un ascenso ajeno para medir su verdadero potencial.

Esta brecha genera una paradoja alarmante: mientras una parte del club sueña y trabaja por el ascenso, la otra teme de forma genuina que eso ocurra. 


Las alternativas: ¿Cómo rediseñar el hockey del futuro?

Frente a este diagnóstico, la comunidad del hockey ha comenzado a debatir propuestas de reestructuración para proteger el proceso formativo sin perder el estímulo de la competencia. Dos alternativas pican en punta:


1. La Escisión de la Línea Competitiva (Separar Mayores de Inferiores)

Consiste en unificar el destino de Primera, Reserva y Sub-19 por un lado, y dejar que las categorías Sub-16, Sub-14 y Sub-12 compitan en un formato independiente basado en su propio nivel real.

•    El beneficio: Se garantiza que las categorías infantiles jueguen siempre con rivales semejantes, cuidando su desarrollo formativo y evitando la frustración de las goleadas.

•    El conflicto: El solapamiento de jugadoras. Aquellas Sub-16 que habitualmente refuerzan a la Sub-19 quedarían atrapadas en una logística compleja de viajes, lo que obligaría a reestructurar los días de competencia (por ejemplo, planteles superiores los sábados e inferiores los domingos).


2. Cruces Directos por Líneas Homólogas (A vs. A / B vs. B)

Una alternativa más lineal que busca nivelar la competencia cruzando directamente los bloques "A", "B" o "C" de las distintas instituciones entre sí, buscando un equilibrio natural según la cantidad de jugadoras y los recursos disponibles de cada club.

El debate en números

¿Se debería reducir la cantidad de equipos por divisional para elevar el nivel técnico? En el Metropolitano de Buenos Aires ya se discute un formato de 10 equipos para hacer el torneo más parejo y competitivo. ¿Es este el espejo donde debe mirarse el Litoral?

Las cartas están echadas sobre la mesa de discusión. La brecha entre el exitismo del resultado en Primera y el proceso formativo de las más chicas es una realidad que ya no se puede tapar con la mística del club.

Todos los actores que forman parte de este deporte —entrenadores, coordinadores, dirigentes y familias— tienen la responsabilidad de aprovechar este parate para reflexionar. ¿Qué hockey queremos construir de acá a los próximos diez años? La respuesta requiere dejar de mirar el beneficio propio de la próxima fecha y empezar a diseñar un formato que priorice, ante todo, el desarrollo genuino de las jugadoras. Por ahora, hacemos un bully y abrimos el juego a toda la comunidad.