Todo comenzó con unos palos de fibra elásticos y bochas de plásticos en el Colegio San Patricio de Rosario. Lo que en aquel entonces, bajo la mirada de los profesores Ferracini y Cucco, parecía una simple "clínica de hockey" extraescolar, terminó siendo la piedra fundacional de una dinastía deportiva.
El corazón de "Uni"
La historia tomó forma cuando el grupo de amigos desembarcó en el Club Universitario de Rosario. Allí, bajo la tutela de Charly Young, el hockey dejó de ser un juego para convertirse en un rito de iniciación. Eran épocas de "volumen físico": entrenar en la sede y correr kilómetros por el Monumento a la Bandera y la Avenida Pellegrini, mezclando categorías de varones y mujeres en una Rosario que todavía se sentía propia y segura.
Pero el gran salto ocurrió por necesidad. Ante la exigencia de tener todas la divisiones para seguir compitiendo en el torneo Metropolitano de Buenos Aires, surgió el espíritu constructor. Junto a nombres como Pablo Maino y Ernesto Lucero, y el respaldo de referentes como el "Rata" Mayo, Holm Martinez y Ernesto Morlan, el protagonista de esta historia se cargó al hombro la creación de la esructura base. "Todo amigo, hermano o primo que anduviera cerca, era sumado al equipo", recuerda. Esa red de afectos terminó siendo el cimiento de lo que hoy es el hockey de "Uni".
San Jorge: La Nueva Frontera
Tras mudarse a San Jorge y ya convertido en médico, la pasión no se extinguió; se expandió. Junto a su esposa, Fabiana Llanos, y un socio inesperado, el indú Sanjay Puri, llevaron el hockey a una zona donde el deporte era una novedad absoluta.
Lo que empezó como una enseñanza para hijos y sobrinos, explotó en un fenómeno regional con más de 100 jugadores. Los oriundos de San Jorge pronto demostraron que el talento no sabe de distancias, conviertiendose en piezas fundamentales de seleccionado de Santa Fe y Litoral.
El Legado: Una Familia unida por la Bocha
Si algo defina esta trayectoria es la cuestión familiar. El hockey no fue una actividad de fin de semana, sino el lenguaje de una generación. Hoy, el apellido se expande por las canchas del mundo a través de sus seis hijos: Lucas, Facundo, Franco, Celina, Manuel y Julián.
Hoy, después de años de ser capitán en la primera de Universitario, el Dr. protagonista de esta historia ya no corre por el bajo rosarino, sino que observa desde el costado del sintético. Allí, viendo a sus hijos vestir los mismos colores y sentir la misma pasión, entiende que el partido más importante no se ganó en el tablero, sino en la transmisión de un legado que ya es eterno.